La pobreza del fanatismo. Abdulhakim Murad
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La Espiritualidad Islámica
La Revolución Olvidada
© Abdal-Hakim Murad
LA POBREZA DEL FANATISMO
La sangre no sirve como argumento´ observó Shakespeare.
Desgraciadamente las milicias islámicas están
llenas de aquellos que lo...
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La Espiritualidad Islámica
La Revolución Olvidada
© Abdal-Hakim Murad
LA POBREZA DEL FANATISMO
La sangre no sirve como argumento´ observó Shakespeare.
Desgraciadamente las milicias islámicas están
llenas de aquellos que lo contradicen.
El World Trade Center, que era el día de ayer el símbolo de las
finanzas globales, ha devenido hoy en día en un monumento a la incapacidad del Islam, en su globalidad,
para controlar a aquellos que creen que Occidente puede ser intimidado para que cambie su manera de
enfrentarse a Oriente.
No hay ninguna excusa válida.
No es tan sencillo como vociferar, como muchos
han hecho, que `los pollos vuelven a casa a picar´, y el protestar por la aquiescencia de Washington ante
la política israelí de limpieza étnica como inevitable generador de tal odio.
Desde luego es cierto, como
ha notado Shabbir Ajtar, que la impotencia puede corromper tan profundamente como el poder.
Pero el
comprender no supone sancionar o empatizar.
El tomar las vidas de inocentes para llegar a un objetivo es
el signo de la ética secular utilitarista más extrema, y es el extremo contrario de la absoluta entereza
moral que requiere la religión.
Había un tiempo, no hace mucho, en el cual los `ultras´ eran unos pocos,
formando una pequeñísima milicia frentisca, que a lo largo del mundo pretendía la
revivificación del Islam.
Tristemente ya no podemos permitirnos el lujo de ignorarlos.
El
extremo ha comido terreno al centro, que ha cedido, dejándolo dislocado y confuso.
Y
este debilitamiento del centro, que eran los que disfrutaban siguiendo el ejemplo
profético, es acelerado por el oprobio que los extremistas traen, no sólo sobre ellos, sino
sobre todos los musulmanes comprometidos del mundo entero.
Porque aquí, como en
todo lugar, la preferencia de los medios juega en nuestra contra.
David Koresh puede
retransmitir su mensaje bíblico marginal desde su Rancho Apocalipsis sin que la imagen
del cristianismo, incluso de los mismos adventistas, se vea dañada.
Pero cuando un grupo
marginal islámico pone a unos turistas Suizos una bomba en El Cairo, la suciedad salpica
inmediatamente a los `militantes islámicos´ de todo el mundo.
Si las cosas continúan así, el movimiento islámico dejará de ser una posibilidad
para la renovación cultural y espiritual, y subsistirá como poco más que un espinoso
manojo de sectas maniacas.
Las perspectivas de un final tan horroroso y humillante como
final de una religión, que en su tiempo superó todas las demás en su capacidad de tolerar
el debate y la diferencia de puntos de vista, es ahora una posibilidad real.
La experiencia
general del funcionamiento del Islam en los últimos cincuenta años ha sido la de la
radicalización creciente, conducida por el fallo aparente de las instituciones islámicas
tradicionales y los movimientos musulmanes más antiguos, que han lanzado a las gentes a
la ambiciosa, pero muy quimérica visión, de la tierra prometida del estado Islámico .
Si esta catástrofe es evitada, el movimiento mayoritario debería reconquistar la
iniciativa.
Pero para que esto ocurra es necesario confesar que la crítica de los radicales
sobre la moderación tiene su fuerza.
El movimiento islámico ha sido, con diferencia, un
fracaso evidente.
Debemos preguntarnos a nosotros mismos como un hombre como
Naser, un carnicero, un soldado fracasado y un cínico demagogo, pudo tomar el poder de
un país tan importante como Egipto, a pesar de su ausencia de valores, mientras que los
Hermanos Muslmanes, con todos sus millones de miembros que la forman han fallado
continuamente durante seis décadas.
La acusación radical de un fallo en el método no
puede errar en su objetivo en un contexto de inadecuación tan triste y prolongada.
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