De emporio a imperio
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DE EMPORIO A IMPERIO
La Constantinopla más añil de Lima nos pone el mundo a los pies y muestra que el aire
acondicionado en los pasillos es lo de menos.
Polvos Azules, donde las cuatro “P” del Marketing
tienen otro significado:...
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DE EMPORIO A IMPERIO
La Constantinopla más añil de Lima nos pone el mundo a los pies y muestra que el aire
acondicionado en los pasillos es lo de menos.
Polvos Azules, donde las cuatro “P” del Marketing
tienen otro significado: pirata, piraña, pendejo y pandemonio.
Por Roy Flores
La última vez que teñí mi vista de azulino, rondando estos lares, mi menesteroso presupuesto no me
permitió comprar un minimalista reloj de pared que iba de acuerdo con la temática de mi
departamento.
Entiéndase minimalista por simple, o sea, no hay mucho o casi nada.
Era un pedazo
pulido de madera oscura con piezas metálicas.
Los números distribuidos en dos grupos: del 1 al 6 y
del 7 al 12.
Cada uno en media luna con distinta tipografía.
Yuca hasta para describir.
A quién se
atreviera a ver la hora se le iría el tiempo.
Yo quería atreverme.
Con los fenicios aquí se vendería hasta el alma -y a buen precio-.
Arquitectura de doble entrada y
tres pisos, suficiente para invocar al espíritu derrochador que nos posee cada fin de mes.
Sin duda,
convierte a cualquiera en súbdito irremediable de posesa tentación.
La monarquía se vuelve
popular, reyes por doquier: del CD, del jean, del zapato, del vestido, del reloj, del libro, del
perfume, del juguete, del porno.
No hay carritos y tampoco asesores.
Irrelevante.
Unos compran, otros venden, algunos preguntan.
Todos van y vienen.
Se percibe un ruido en el ambiente: una mezcla de salsa, cumbia, balada y
regateo.
Por internarse en tremenda aventura, Indiana Jones cambiaría su veintiúnico sombrero.
Y
que, a manera de dato, venden unos igualitos en el pasaje 33.
Mi misión es otra.
No recuerdo ni el
lugar exacto, pero te buscaré.
Hoy vine a llevarte, relojito.
PRIMERA “P”
“El que nunca ha comprado pirata, que tire el primer DVD”, frase que resume el apoyo
desmesurado a la gracia ahorrativa de vivir en el Perú.
Gracias Javier Bedoya, por ser periodista y
encima peruano.
Gracias.
Viejo y diablo.
La doctora Polo y Laura Bozzo, a tres cincuenta cada una.
Si tremendas baronesas supieran que
rematan toda la saga de sus quickly juicios y ‘talk-plops’ dentro de un Princo, necesitarían cambiar
sus sets de TV por el nuevo estadio de Beijing -en su versión “Nido de Pájaro”- para juzgar a medio
pueblo.
Pero no.
Jamás se enterarán.
Punto a favor.
Caso cerrado.
Qué pase el amante.
Exactamente lo mismo ocurre con Univisión y TV Azteca.
Imposible que no exista telellorona
noventera o producción lacrimal que no se encuentre en sus parvas de catálogos plastificados.
Cuna
de lobos.
Quiceañera.
Dos mujeres un camino (con todo y trailer).
Corazón salvaje.
Rubí,
aplastando corazones con sus altos tacones.
El Premio Mayor.
La siempre espontánea Luz Clarita.
La trilogía de las Marías: María Mercedes, Marimar y –sellando- María la del Barrio (costeñita y
pepenada).
Incluso la maestra Jimena sometida, por unos ripios, a las fantasías de esos niños que
ahora cruzan los veinticinco.
Hace poco me quede sin Cable, los veinte soles que entregué como único pago por ochos meses de
éste, me malacostumbraron a consumir la última tendencia en series gringas.
Para cuándo el
Operativo Duna tocó mi puerta, yo ya no podía dejar pasar un día sin ver al trastornado Dr.
House, a
super Clark en Villa Chica, a la blonda de Nip Tuck, ni a las genialidades caóticas de Homero.
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