Calvino, Italo - La hormiga argentina
38 pages
Published by
Monica Zúccoli - english.pro.work
Copyright :
All rights reserved
LA HORMIGA ARGENTINA
Italo Calvino
Cuando vinimos a instalarnos no sabíamos nada de las
hormigas.
Nos parecía que estaríamos bien, el cielo y
el verde eran alegres, tal vez demasiado alegres para
las preocupaciones que teníamos mi...
[More]
LA HORMIGA ARGENTINA
Italo Calvino
Cuando vinimos a instalarnos no sabíamos nada de las
hormigas.
Nos parecía que estaríamos bien, el cielo y
el verde eran alegres, tal vez demasiado alegres para
las preocupaciones que teníamos mi mujer y yo; ¿cómo
podíamos imaginar la historia de las hormigas?
Pensándolo bien, el tío Augusto quizá nos había dicho
algo en alguna ocasión: «Allá, tendríais que ver, las
hormigas.
.
.
no como aquí, las hormigas.
.
.
», pero era
una divagación dentro de otro tema, una cosa dicha sin
darle importancia, tal vez a propósito de las hormigas
que habíamos visto mientras hablábamos, qué digo:
¿hormigas?, habríamos visto una hormiga perdida, una de
esas hormigas nuestras, gordas (ahora me parecen gordas
las hormigas de mi tierra), y de todos modos lo
insinuado por el tío Augusto no modificaba en nada la
descripción que nos estaba haciendo de esta región,
donde la vida, por alguna circunstancia que él no sabía
explicar bien, era más fácil, y la ganancia, si no
segura, por lo menos probable, a juzgar por tantos, no
por él, el tío Augusto, que se habían instalado allí.
Por qué se había sentido bien, aquí, nuestro tío,
empezamos a intuirlo desde la primera noche, al ver la
claridad del aire después de la cena y comprender el
placer de dar vueltas por aquellas calles para salir al
campo, de sentarse en el pretil de un puente como vimos
que hacían algunos, y todavía más cuando encontramos
una fonda donde él solía ir, con un huerto atrás, y
unos tipos viejos y de estatura escasa, como él, pero
fanfarrones y vocingleros, que decían que habían sido
amigos suyos, gentes sin oficio, como él, creo,
jornaleros por horas, aunque uno dijo, tal vez por
jactarse, que era relojero; y oímos que recordaban al
tío Augusto por un sobrenombre, repetido por todos y
seguido de carcajadas generales, y observamos la risa
forzada de una mujer tampoco demasiado joven y un poco
gorda, que estaba en el mostrador, con una blusa blanca
[Less]
Insert a miniCalaméo on your website or your blog