Madrid.
Verano de 2006
odos decían que se movía
en la barra vertical como
ninguna.
Esperaban impacientes, hasta que una voz
en off, fría y monocorde, anunciaba
su número:
—¡Y ahora con todos ustedes el
exotismo de Indonesia, la belleza escultural venida de las islas del amor.
Disfruten con… la Javanesa!
Y salía, como de un sueño, desde
el fondo entelado del pequeño escenario, iluminada por dos cañones
de humo de color azul plomado,
completamente desnuda.
Bellísima.
La actuación duraba exactamente 4
minutos y 11 segundos, el tiempo
que duraba La Javanaise.
Zaida interpretaba en playback la versión
de Madelaine Peyroux con una sincronía perfecta.
Durante los primeros 25 segundos saludaba al público, describiendo un círculo alrededor de la barra, y luego, en un elegantísimo impulso, saltaba al metal
y cantando su canción, serpenteaba,
serpenteaba, serpenteaba.
Esa noche no había ninguna mujer.
Unos pocos hombres se apoyaban sobre el escenario.
Otro grupo
de jóvenes bien vestidos, que parecían venir de una celebración, ocupaban las mesas del centro.
Al fondo, fumando y bebiendo, estaba él.
Sólo para Zaida.
Sólo para ella.
Nadie más podría verlo porque, simplemente, estaba muerto, había muerto hacía 31 años.
Zaida no era de Java, sino de Fez,
como su padre y sus cuatro hermanos.
Su madre nació en El Cairo.
Tampoco, según ella, hacía striptease.
Insistía en que lo suyo era bailar
desnuda.
Y siempre con la condición de hacerlo cantando La Javanaise.
Y nunca hablaba con los clientes.
Ni se acostaba con ellos.
Tampoco, aunque se lo pidieran, repetía su
número.
—Nous nous aimions, le temps
d’une chanson —gritaba nada más
llegar al Media Luna.
El dueño aceptaba estas y otras
excentricidades de Zaida a cambio
de negociar su sueldo cada noche.
Junio de 2001, Barcelona
Los padres de Zaida llevaban casi 20
años en Cataluña.
Disfrutaban de
una buena posición económica, gracias al negocio familiar: una producción de cafeteras industriales en la
que toda la familia trabajaba.
Todos
menos Zaida, empeñada desde niña
en ser profesora de danza oriental.
Muchas tardes de domingo se reunían para ver películas y vídeos antiguos de su actriz favorita, Souad
Hosni, símbolo de la edad de oro del
cine egipcio.
Zaida había oído contar mil veces la historia del matrimonio clandestino que la actriz mantuvo, durante cinco años, con Halim
Hafez.
A la madre de Zaida le encantaba el misterio que envolvía aquella
historia de amor.
Hafez era el cuarto
hijo del jeque Ali Ismail Shabana.
Entre las décadas de 1950 y 1970
se convirtió en el cantante y actor
máspopular del mundo árabe.
Sensible y tierno, atrajo a las multitudes,
particularmente a las mujeres, que
veían en él a un hombre diferente,
muy alejado del estereotipo viril de
entonces.
Murió en 1977, a la edad
de 48 años.
A su funeral asistieron
un millón de personas.
Un suicidio
colectivo de mujeres entristeció aún
más ese día.
Souad Hosni, pasó los
seis últimos años de su vida en Londres.
Murió con 57 años al tirarse
desde el sexto piso de su apartamento.
Era el 22 de junio de 2001, el día
del cumpleaños de Halim Hafez.
La
noticia tuvo un gran impacto.
La televisión egipcia interrumpió su programación habitual y Hosni Bubarak se apresuró en anunciar que repatriaría el cuerpo de la actriz para
celebrar su funeral en El Cairo.
La familia de Zaida, como tantas
otras, siguió emocionada la noticia
desde España.
Pero para Zaida, la
muerte de la actriz supuso mucho
más que para ninguna otra persona
en el mundo, algo inimaginable.
Muchas noches de insomnio siguieron a
ese día.
Apenas salía de su habitación, no quería hablar con nadie y dejó de comer.
Pasaba las horas visionando obsesivamente escenas de
aquellas películas.
Sus padres intentaron, sin conseguirlo, llevarla al médico.
Lo que al principio fue sólo un
presentimiento, que no lograba asentarse en una idea formal, se transformó, con los días, en la certeza, en la
convicción absoluta de que el suicidio de Souad Hosni había liberado,
por fin, el amor que Halin Hafez sentía por ella.
Así, sin asustarse de su
propio pensamiento, sin miedo, sin
el más mínimo desánimo, ni crítica,
sabía, porque lo sabía, que debía irse
de allí esa misma noche para hacer
posible un encuentro asombroso:
Entre los delirios más devastadores que una persona puede sufrir está el delirio de ser amado, porque con frecuencia termina en
una frustración tan aguda y destructiva que puede llevarse por delante la propia vida.
La literatura ha recogido episodios paradigmáticos de este proceso mental.
El relato que aquí se presenta es la reconstrucción de una desgraciada historia clínica en la que
se pone de manifiesto la enorme dificultad de tratar este tipo de trastornos.
Por Carlos Ranera
La princesa de Java
Médicos y pacientes
Caso clínico
Al fondo,
bebiendo,
estaba él,
sólo para
Zaida.
Nadie
más podría
verle porque
llevaba 31
años muerto
T
Halin Hafez
la encontraría porque
la amaba
inmensamente
desde que el
mundo era
el mundo
Los comunicados o posicionamientos de
la SEGO y la AEEM en relación con la menopausia son un fenómeno paralelo al
que se produce en otros países.
En
EEUU, por ejemplo, la North American
Menopause Society ha emitido varios comunicados sobre la terapia hormonal.
Pero, ¿por qué estas sociedades tienen una
visión más optimista que el grueso de la
comunidad científica?
Entre las potenciales explicaciones es
llamativa la ausencia de una metodología
formal para formular estos posicionamientos.
En el comunicado de la SEGO y la
AEEM no se menciona cómo se ha llegado a estas recomendaciones.
No se menciona el proceso de revisión de la literatura efectuada, ni cómo se ha evaluado la
calidad de los estudios, que indicaría la
confianza que podemos depositar en sus
resultados.
Tampoco se realiza un análisis detallado de los resultados ni de sus
incertidumbres.
De esta manera, los lectores deben hacer un acto de fe y simplemente confiar en el buen hacer de los
que lo han elaborado.
Por otra parte, estas organizaciones,
al igual que otras sociedades científicas,
tienen relación con numerosas empresas
farmacéuticas.
La SEGO declara en su página web contar con hasta 63 empresas
colaboradoras.
Por su parte la AEEM
cuenta con la colaboración de 23 empresas farmacéuticas, 11 como “socios colaboradores” y 12 como “socios gold”.
Este
tipo de financiación representa un importante potencial conflicto de interés que
hay que tener en cuenta a la hora de interpretar sus mensajes.
En la historia reciente de los fármacos
vinculados con la salud integral de la mujer, nos hemos encontrado con una promoción intensa de sus beneficios junto a
una minimización de sus riesgos.
Por
ejemplo, las isoflavonas de soja tras un
cierto boom inicial han sido relegadas a
un papel muy secundario en la salud de
la mujer.
La tibolona, otra de las más populares inicialmente, aumenta el riesgo
de ictus.
El raloxifeno, una variante hormonal de los estrógenos indicado para la
osteoporosis, parecía proteger del riesgo
cardiovascular en un reanálisis; posteriormente, un ensayo clínico diseñado para
confirmar esta hipótesis lo descartó objetivando un aumento del riesgo de ictus
mortales y los tromboembolismos.
La historia se repite de nuevo.
Por otro lado, en el caso de los temas
relacionados con la mujer, existe todavía,
de forma paradójica, una amplia mayoría
de hombres en las juntas directivas de
estas organizaciones (5 mujeres de 39
cargos disponibles en la web entre la SEGO y la AEEM).
La participación de la mujer potencialmente usuaria de la terapia
hormonal en la valoración de los beneficios y riesgos podría modificar de forma
sustancial el mensaje que se transmite.
Los profesionales de la salud nos vemos en la necesidad de llamar la atención sobre este tipo de declaraciones, de
escaso rigor y cargadas de interpretación, que desorientan y pueden generar
confusión en las mujeres y la sociedad
en general.
Animamos a los ginecólogos
y ginecólogas para que realmente avancen en la promoción de la salud en la mujer desde el rigor en la elaboración de
consejos y recomendaciones clínicas.
os profesionales sanitarios
deben tomar las decisiones
con respecto a sus pacientes
teniendo en cuenta la mejor
información científica disponible.
En
cuestiones de tratamiento, esta información se obtiene a partir de la realización de ensayos clínicos aleatorios.
Si están bien diseñados y realizados,
sonlosestudiosconmenosposibilidades de ofrecer resultados equivocados.
En caso de no disponer de ensayosclínicos existen otrosestudios,como los observacionales, aunque éstos, a diferencia de los ensayos clínicos,estánsujetosalimitacionesypueden proporcionar más a menudo respuestas sesgadas.
Hace ya más de dos décadas, y basándose en este tipo de estudios observacionales, se objetivóqueeltratamiento de la mujer tras la menopausia por medio de la terapia hormonal
(TH) mediante estrógenos con o sin
progestágenos presentaba importantes beneficios.
A partir de entonces,
se empezó a difundir esta terapia,
además de como tratamiento de los
sofocoso sequedadvaginal, comotratamiento preventivo de la osteoporosisydelasenfermedadescardiovasculares en mujeres asintomáticas.
No fue hasta el año 2002 a raíz de
la publicación de los resultados de un
ensayo clínico, el Women’s Health
Initiative (WHI), realizado en EE
UUcon financiación pública, cuando
se cuestionaron los supuestos beneficios de la TH.
El estudio mostraba
que en el caso de mujeres en tratamiento con TH combinada (estrógenos combinados con progestágenos),
estaterapiano sólono prevenía la enfermedad cardiovascular, sino que
podía aumentar su incidencia.
Además, se observó que incrementaba el
riesgo de ictus, los tromboembolismos pulmonares y el cáncer de mama.
Elestudio mostróque,porel contrario, disminuía el riesgo de cáncer
de colon y las fracturas óseas.
Debidoa estenegativobalanceentre beneficios y riesgos el estudio fue
interrumpido antes de tiempo por el
comité encargado de velar por la seguridad de las mujeres participantes.
Asimismo, y dentro del mismo estudio WHI, los estrógenos administrados solos (sin progestágenos) tambiénpresentaron un desfavorablebalance en la relación riesgo-beneficio.
El efecto beneficioso observado
anteriormente en los estudios observacionales era debido a que en éstos
participaban mujeres más sanas que
la media de la población general, generando unos resultados sesgados a
favor de la TH.
En los últimos cinco
años se han ido publicando nuevos
datos sobre la TH derivados del estudio WHI y otros ensayos clínicos que
refuerzan estas conclusiones y hacen
queese balance sea cada vez másdesfavorable,sobre todo para tratamientos a largo plazo.
Una vez conocidos estos datos, el
consensointernacional en lacomunidad científica es que la TH se utilice
únicamente en mujeres con sofocos
y/o sequedad vaginal que afecten a
sucalidad de vida.
Asimismo,se recomienda que el tratamiento se lleve a
cabo con la mínima dosis eficaz, durante el mínimo tiempo posible y que
no se utilice para prevenir ningún
otro problema de salud.
Sorprende pues que con las pruebas científicas disponibles, y sin nuevos datos relevantes, la Sociedad Española de Ginecología (SEGO) y la
Asociación Española para el Estudio
de la Menopausia (AEEM) emitan
ahora un comunicado conjunto en el
que presentan la TH para otras indicaciones menos claras (disponible en
w w w .
s e g o .
e s / C o n tent/pdf/Comunicado%20SEGOAEEM%2008%20definitivo.
pdf).
Las recomendaciones de este comunicado son confusas y poco concretas pues no especifican durante
cuánto tiempo se debe realizar el tratamiento, ni en qué dosis ni en que tiponiintensidad desíntomas.
Enconcreto, en relación con la duración del
tratamiento,lasrecomendacionesimplicarían en ocasiones tratar durante
periodos excesivamente prolongados, de hasta 10 años.
Todo ello es
aún más llamativo debido a que en el
año 2004 estas instituciones, junto
con la Sociedad Española de MediciUna mujer examina un envase de terapia hormonal.
CONSUELO BAUTISTA
El excesivo optimismo de algunas sociedades médicas
Biomedicina
Hace 20 años, la terapia hormonal parecía la píldora de la eterna juventud para las mujeres postmenopáusicas, pero dejó de serlo
al conocerse sus potenciales efectos secundarios, y ahora sólo se recomienda para síntomas como los sofocos y la sequedad vaginal.
Desoyendo la evidencia científica, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia y la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM) promueven su uso para otras indicaciones menos claras.
Por Pablo Alonso y Alberto López
Laterapiahormonalvuelvealacarga
L
La terapia
sólo está
indicada en
mujeres con
sofocos o
sequedad
vaginal que
dañen su calidad de vida
8 / EL PAÍS SALUD Sábado 13 de diciembre de 2008
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